{"id":5,"date":"2018-12-16T20:36:22","date_gmt":"2018-12-16T20:36:22","guid":{"rendered":"http:\/\/werkermagazine.org\/texts\/?p=5"},"modified":"2021-12-09T14:38:56","modified_gmt":"2021-12-09T14:38:56","slug":"politicasdelsueno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/werkermagazine.org\/texts\/politicasdelsueno\/","title":{"rendered":"Pol\u00edticas del sue\u00f1o \u2014 Un texto por el derecho al descanso"},"content":{"rendered":"\n<p>Julia Morandeira Arrizabalaga, diciembre 2018.<\/p>\n\n\n\n<figure class=\"wp-block-image\"><img loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"681\" src=\"http:\/\/werkermagazine.org\/texts\/wp-content\/uploads\/2018\/12\/Scan-2.jpg-1-1024x681.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-26\" srcset=\"https:\/\/werkermagazine.org\/texts\/wp-content\/uploads\/2018\/12\/Scan-2.jpg-1-1024x681.jpeg 1024w, https:\/\/werkermagazine.org\/texts\/wp-content\/uploads\/2018\/12\/Scan-2.jpg-1-300x200.jpeg 300w, https:\/\/werkermagazine.org\/texts\/wp-content\/uploads\/2018\/12\/Scan-2.jpg-1-768x511.jpeg 768w, https:\/\/werkermagazine.org\/texts\/wp-content\/uploads\/2018\/12\/Scan-2.jpg-1-1568x1043.jpeg 1568w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><figcaption>Durmiendo en el suelo. C\u00e1mara del Joven Trabajador 15\u201324. Werker 10 \u2014 Escuela de Fotograf\u00eda Popular. Dar Chabab, Barcelona 2018.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>La historia del sue\u00f1o y el descanso no es un relato homog\u00e9neo, como tampoco han sido sus modos y discursos. No siempre se ha dormido igual ni lo mismo, ni mucho menos de manera consistente; las ocho horas seguidas de sue\u00f1o es una proclama relativamente reciente. El sue\u00f1o, como la noche, fue domesticado a lo largo del siglo XVIII a trav\u00e9s de la iluminaci\u00f3n progresiva del mundo y la consolidaci\u00f3n de la jornada laboral de entre 8 y 12h. Antes de entonces, en gran parte del continente europeo, se dorm\u00eda en dos o m\u00e1s per\u00edodos divididos a lo largo de las 24h del d\u00eda, sobre todo durante la noche. Los intervalos de vigilia eran dedicados a la oraci\u00f3n, la reflexividad, la conversaci\u00f3n, la intimidad, al trabajo dom\u00e9stico o a alguna actividad delictiva menor; era un tiempo ambivalente que combinaba el bienestar con el terror propios de lo nocturno.<sup><a href=\"#footnotes\" data-type=\"internal\" data-id=\"#footnotes\">1<\/a><\/sup> Si la primera necesidad de la noche era el descanso, la segunda era el trabajo. Durante la Edad Media europea,<a href=\"#footnotes\" data-type=\"post\">2<\/a> la noche constitu\u00eda un terreno legal regulado por las campanadas del ocaso, que marcaban la extinci\u00f3n de los fuegos y la prohibici\u00f3n de trabajar a la luz de la vela; y las del amanecer, que anunciaban la llamada al trabajo. Estas no sonaban siempre a la misma hora y variaban seg\u00fan las estaciones, sintonizadas con los ritmos naturales de la preciada luz solar que reg\u00eda el tiempo de faenar. Sin embargo, en las grandes ciudades a partir de la Edad Moderna y el advenimiento del capitalismo moderno, los ritmos laborales se independizaron de la bajada y subida del sol, y hacia finales del siglo XVII, mercaderes y oficiales en varios lugares de Europa establecieron el inicio de su jornada a las siete de la ma\u00f1ana. Esta inclu\u00eda varias pausas largas y acababa hacia las siete o diez de la noche, aunque extender el trabajo tras la puesta del sol gracias a la luz artificial era ahora una posibilidad. Las razones para trabajar de noche eran m\u00faltiples y variadas (las cosechas no pod\u00edan esperar, especialmente si el mal tiempo o el robo las amenazaban; una vez encendidos, el calor de hornos y forjas eran aprovechado al m\u00e1ximo; por no mencionar el trabajo dom\u00e9stico de mujeres y sirvientes que se extend\u00eda a lo largo de las horas del reloj<sup><a href=\"#footnotes\">3<\/a><\/sup>) y el tiempo de descanso se repart\u00eda el resto de horas disponibles. El tr\u00e1fico colonial de mercanc\u00edas introdujo adem\u00e1s el uso de especias y nuevas sustancias estimulantes como el caf\u00e9, el t\u00e9, el az\u00facar o el cacao, que extendieron la productividad y la explotaci\u00f3n tanto en las colonias como en las metr\u00f3polis, contribuyendo a consolidar la definici\u00f3n dial\u00e9ctica entre descanso nocturno y trabajo diurno.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<!--more-->\n\n\n\n<p>As\u00ed, azuzada por la tensi\u00f3n entre el desarrollo de formas de capitalismo y las conquistas de las luchas sociales, la jornada laboral se extendi\u00f3 a partir del siglo XVIII, luego se acot\u00f3 durante la primera mitad del siglo XX, para volver a extenderse a partir de la d\u00e9cada de los setenta con el advenimiento de lo que Murray Melbin denomin\u00f3 instituciones \u201cincesantes\u201d<sup><a href=\"#footnotes\" data-type=\"internal\" data-id=\"#footnotes\">4<\/a><\/sup>: servicios disponibles 24h gracias al auge de los turnos de noche. Esta l\u00f3gica auguraba que durante los noventa la extensi\u00f3n de la colonizaci\u00f3n laboral de la noche se generalizar\u00eda de manera definitiva pero, en su lugar, las industrias de servicios se relocalizaron a otros lugares del planeta, con otros horarios y leyes laborales, para preservar la jornada laboral diurna y el esquema de sue\u00f1o establecidos en el mundo occidental. Este equilibrio no lleg\u00f3 a mantenerse mucho tiempo, ya que con la entrada de internet, la automatizaci\u00f3n y la tecnolog\u00eda, la colonizaci\u00f3n del trabajo y del descanso se extendi\u00f3 hasta absorber la noche, la vida y el tiempo. De un tiempo a esta parte, el mundo se ha convertido en un lugar permanentemente iluminado en el que el trabajo y el consumo se despliegan de manera ininterrumpida. Jonathan Crary lo califica de \u201ccapitalismo 24\/7\u201d<sup><a href=\"#footnotes\" data-type=\"internal\" data-id=\"#footnotes\">5<\/a><\/sup>: un modo de producci\u00f3n incesante en el que estamos permanentemente expuestos (para ser vigilados y capturados) y permanentemente conectados (a sistemas de comunicaci\u00f3n, dispositivos e interfaces de lo m\u00e1s variados). El capitalismo 24\/7 sue\u00f1a con el fin del sue\u00f1o, con una eficiencia sin tregua y una transparencia luminosa, donde las sombras y la pereza dejan lugar a un tiempo y experiencia planos, homog\u00e9neos y sin fricci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Un mundo 24\/7 es un tiempo de indiferencia, insensibilidad y amnesia, poblado por trabajadores asestados por el <em>burnout<\/em>, <em>doers<\/em> \u201capasionados\u201d que sobreviven a base de medicalizaci\u00f3n, trabajadores precarios no tan entusiastas pero sin otra alternativa aparente, trabajadoras invisibilizadas y no remuneradas, muertos laborantes,<sup><a href=\"#footnotes\" data-type=\"internal\" data-id=\"#footnotes\">6<\/a><\/sup> y hormigas el\u00e9ctricas<sup><a href=\"#footnotes\" data-type=\"internal\" data-id=\"#footnotes\">7<\/a><\/sup> entumecidas. En este esquema esquizofr\u00e9nico, definido por la extenuaci\u00f3n y eficiencia permanentes, el descanso queda relegado a ser o bien un incordio o un lujo social. Thomas Edison \u2014tit\u00e1n de la industria que molde\u00f3 el s. XX a trav\u00e9s de sus invenciones, modelos de negocio y creencias\u2014 ya adelant\u00f3 este modelo de superhombre trabajador cuando se jactaba de que su \u00e9xito era debido a la privaci\u00f3n de sue\u00f1o. En 1921 escrib\u00eda: \u201c<em>En mi caso, nunca he necesitado m\u00e1s de cuatro o cinco horas de sue\u00f1o al d\u00eda. Nunca sue\u00f1o. Duermo de verdad. Cuando por casualidad he dormido de m\u00e1s, me levanto torpe e indolente. Siempre escuchamos a la gente hablar de la \u2018falta de sue\u00f1o\u2019 como un desastre. Deber\u00edan llamarlo p\u00e9rdida de tiempo, vitalidad y oportunidades<\/em>\u201d.<a href=\"#footnotes\" data-type=\"internal\" data-id=\"#footnotes\"><sup>8<\/sup><\/a> Edison es todo un precursor del capitalismo 24\/7. Pensando con Crary, es cuanto menos interesante que el inventor de la bombilla el\u00e9ctrica, que transform\u00f3 el mundo laboral, preconizara la oposici\u00f3n al descanso y el sue\u00f1o, un siglo antes. No s\u00f3lo eso: en su defensa pr\u00e1ctica de la productividad sin fin, impuso una vigilancia sobre sus trabajadores para disciplinarles a no parar ni descansar.<sup><a href=\"#footnotes\" data-type=\"internal\" data-id=\"#footnotes\">9<\/a><\/sup> Pero por mucho que se vanagloriara de no dormir, Edison siesteaba a lo largo del d\u00eda haciendo la t\u00e9cnica de la cuchara, como Dal\u00ed o Einstein \u2014dato que alimenta la creencia popular de que poco sue\u00f1o nocturno puntuado por numerosas siestas cortas (<em>power naps<\/em> como dicen los anglosajones) es una pr\u00e1ctica y signo de genialidad. Este mito se alinea con los programas de empresas contempor\u00e1neas, como Google o Nike, que siguen las recomendaciones de consultoras laborales de permitir momentos de siesta en el trabajo e incluir zonas de descanso, juego, socializaci\u00f3n \u2014todo lo necesario para recargar las pilas en su justa dosis y as\u00ed nunca abandonar la actividad.<\/p>\n\n\n\n<p>La dial\u00e9ctica descanso-trabajo, productividad-improductividad, es constituyente y generativa. M\u00e1s a\u00fan, en el caso de la autoorganizaci\u00f3n obrera, la noche se erige como el territorio privilegiado y el cansancio como estado principal desde el que abrir espacios de articulaci\u00f3n de la lucha y de aprendizajes subalternos. El estar deshecho frente al otro como condici\u00f3n para generar solidaridades y posibilidades distintas a las impuestas por la extenuaci\u00f3n capitalista, como demuestran las escuelas nocturnas obreras o la historia de la organizaci\u00f3n de formas de resistencia y cooperaci\u00f3n proletarias. Sin embargo, en el r\u00e9gimen laboral del capitalismo 24\/7, el descanso se representa como una debilidad evitable, mientras que la productividad y flexibilidad constantes son glorificadas a expensas de la salud y la seguridad. Como ha demostrado Alan Derickson,<sup><a href=\"#footnotes\" data-type=\"internal\" data-id=\"#footnotes\">10<\/a><\/sup> historiador del trabajo y la salud, la sobrevaloraci\u00f3n y la masculinizaci\u00f3n del estar despierto descansa sobre argumentos culturales y pol\u00edticos asentados desde finales del s. XIX en el mundo occidental. El agotamiento es minimizado e incluso ensalzado por la l\u00f3gica emprendedora, animando a los trabajadores a denegar sus necesidades biol\u00f3gicas en pro del rendimiento laboral, y aplicando as\u00ed una l\u00f3gica de masculinizaci\u00f3n t\u00f3xica sobre el trabajo en la que el \u00e9xito es medido en funci\u00f3n de la fuerza, la competitividad y la resistencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Dormir es una necesidad vital que nunca nos abandona. Es un momento de recarga afectiva y reparaci\u00f3n de las capacidades perceptivas que se desarticulan durante el d\u00eda; es el lugar donde hunde sus ra\u00edces nuestra sensibilidad y mundanidad. Coincide con la metabolizaci\u00f3n (de lo ingerido y lo vivido) del d\u00eda, con la reorganizaci\u00f3n neurol\u00f3gica y la consolidaci\u00f3n de la memoria; en su mon\u00f3tona repetici\u00f3n, d\u00eda tras d\u00eda, es una funci\u00f3n central de la cotidianidad, de la capacidad de aprendizaje y la atenci\u00f3n. Es un momento de suspensi\u00f3n, de desconexi\u00f3n de las redes y dispositivos en los que operamos, un momento de inactividad e inutilidad. Y es, tambi\u00e9n,\u00a0 \u201cuna de las pocas experiencias restantes en las que nos abandonamos al cuidado de los dem\u00e1s, lo sepamos o no\u201d.<meta charset=\"utf-8\"><sup><a href=\"#footnotes\" data-type=\"internal\" data-id=\"#footnotes\">11<\/a><\/sup> Jonathan Crary lo define bien: <em>\u201cAunque parezca solitario y privado, no est\u00e1 amputado de la arquitectura interhumana de confianza y apoyo mutuo, a pesar de lo da\u00f1ados que estos v\u00ednculos puedan estar. Es tambi\u00e9n una cesi\u00f3n peri\u00f3dica de la individuaci\u00f3n \u2014un deshacer nocturno de la mara\u00f1a suelta de personalidades superficiales que uno habita y gestiona durante el d\u00eda. En la despersonalizaci\u00f3n del sue\u00f1o, el que duerme habita un mundo en com\u00fan, una retirada compartida de la nulidad y desperdicio catastr\u00f3ficos de la praxis 24\/7. Sin embargo, a pesar de todas las formas en las que el sue\u00f1o no es explotable o asimilable, dif\u00edcilmente se puede considerar como un enclave fuera del orden global existente. El sue\u00f1o siempre ha sido poroso, est\u00e1 te\u00f1ido con los flujos de la actividad diaria, aunque hoy en d\u00eda este m\u00e1s desprotegido que nunca de los asaltos que lo corroen y menguan. A pesar de todas las degradaciones, dormir es la recurrencia en nuestras vidas de una espera, de una pausa. [&#8230;] Dormir es una remisi\u00f3n, una descarga de la \u2018continuidad constante\u2019 de todos los hilos en los que uno est\u00e1 atrapado cuando est\u00e1 despierto. [&#8230;] Situado en alg\u00fan lugar en la frontera entre lo social y lo natural, dormir asegura la presencia en el mundo de los patrones de fases y ciclos esenciales a la vida, e incompatibles con el capitalismo. La persistencia an\u00f3mala del sue\u00f1o ha de entenderse en relaci\u00f3n a la destrucci\u00f3n en curso de los procesos que sostienen la existencia en el planeta. Porque el capitalismo no puede limitarse, la noci\u00f3n de preservaci\u00f3n o conservaci\u00f3n<\/em><strong><em> <\/em><\/strong><em>es una imposibilidad sist\u00e9mica. Contra este fondo, el estado inerte reparativo del sue\u00f1o contrarresta la necrosis de toda la acumulaci\u00f3n, financiarizaci\u00f3n y basura que han devastado todo lo que una vez fue com\u00fan.\u201d<\/em><sup><a href=\"#footnotes\" data-type=\"internal\" data-id=\"#footnotes\">12<\/a><\/sup><\/p>\n\n\n\n<p>Muchos estudios y el propio trabajo del colectivo Werker muestran que el descanso no es igual para todos, sino que est\u00e1 distribuido seg\u00fan vectores de raza, clase, diversidad funcional y neurol\u00f3gica, edad, g\u00e9nero y sexualidad: las comunidades subalternizadas por estos vectores que contribuyen a una naturalizaci\u00f3n de lo que es \u201cnormal\u201d, \u201caceptable\u201d y \u201csano\u201d, duermen menos y duermen peor. Especialmente dram\u00e1tica es la \u201cbrecha del sue\u00f1o\u201d en personas afrodescendientes,<sup><a href=\"#footnotes\" data-type=\"internal\" data-id=\"#footnotes\">13<\/a><\/sup> que evidencia la correlaci\u00f3n directa entre el empobrecimiento del descanso y la discriminaci\u00f3n, el estr\u00e9s, la in\/seguridad (tanto f\u00edsica como financiera), el contexto vecinal o la vigilancia, as\u00ed como los efectos que este mal dormir tienen en la salud<sup><a href=\"#footnotes\" data-type=\"internal\" data-id=\"#footnotes\">14<\/a><\/sup>\u2014personal, comunitaria, social y econ\u00f3mica. Otro factor importante a se\u00f1alar que agrava la condici\u00f3n de desprotecci\u00f3n y fatiga extremas es la cuesti\u00f3n del techo. Las personas desahuciadas y sin techo quedan desamparadas, en una situaci\u00f3n de alienaci\u00f3n, vulnerabilidad y urgencia salvajes en las que la propia posibilidad de descanso est\u00e1 puesta en jaque.<\/p>\n\n\n\n<p>El descanso es por lo tanto un \u00edndice de intersecci\u00f3n de las formas de desposesi\u00f3n y de privilegio que nos atraviesan como sujetos. Es una condici\u00f3n pol\u00edtica, en la que se demuestra la vital trascendencia de las l\u00f3gicas de preservaci\u00f3n que aportan los cuidados. Bajo este enfoque cobran fuerza renovada las palabras que Audre Lorde, escritora negra y lesbiana, escribe en <em>A Burst of Light<\/em> al aprender que el c\u00e1ncer devora su h\u00edgado: \u201cCuidarme a m\u00ed misma no es un acto de complacencia, sino de conservaci\u00f3n, y eso es un acto de guerra pol\u00edtica\u201d. Lo escribe pensando en c\u00f3mo el privilegio es un vector corrosivo que organiza la gesti\u00f3n y reproducci\u00f3n de la vida, de la muerte y de los cuidados, sobretodo del cuidado propio. El agotamiento inducido por la privaci\u00f3n del sue\u00f1o provoca un estado de vulnerabilidad, desprotecci\u00f3n y malestar, fruto de la desposesi\u00f3n del mundo com\u00fan que habitamos.<sup><a href=\"#footnotes\" data-type=\"internal\" data-id=\"#footnotes\">15<\/a><\/sup> Frente a este panorama, la pregunta por el derecho al descanso se torna urgente. \u00bfQui\u00e9n tiene derecho a dormir hoy, y de qu\u00e9 manera? \u00bfQui\u00e9n tiene derecho a tener derechos tan b\u00e1sicos como el descanso, y por qu\u00e9? \u00bfC\u00f3mo cuidarse colectivamente y hacer frente a esta guerra pol\u00edtica?<\/p>\n\n\n\n<p>Y a pesar de ello, siempre han existido \u201caquellos que duermen <em>de otra manera<\/em>: trabajadores nocturnos que duermen durante el d\u00eda, padres que siestean mientras que sus hijos hacen los mismo, rebeldes de todo tipo de sue\u00f1o, y aquellos que tienen un descanso mucho m\u00e1s alborotado \u2014insomnes, narcol\u00e9pticos, y dem\u00e1s\u201d.<sup><a href=\"#footnotes\" data-type=\"internal\" data-id=\"#footnotes\">16<\/a><\/sup> El sue\u00f1o est\u00e1 atravesado por cuestiones de intimidad, qu\u00edmica, biolog\u00eda y pol\u00edtica, y definido por concepciones de lo normal, lo ideal, y lo patol\u00f3gico. Su percepci\u00f3n ha variado a lo largo del tiempo, influenciada por discursos cient\u00edficos y representaciones populares, produciendo y estableciendo concepciones de lo que es un patr\u00f3n normal o desordenado del sue\u00f1o. En el fondo, no existe una forma \u201cnatural\u201d de dormir m\u00e1s que otra; solo existen miradas parciales e instrumentalizadas. Los estudios del sue\u00f1o se desarrollaron de manera exponencial a lo largo del s. XX, contribuyendo con definiciones de \u201cdormir bien\u201d cada vez m\u00e1s precisas. Drogas que provocan el sue\u00f1o han existido desde siempre a lo largo de la historia y el planeta, pero a partir de la d\u00e9cada de los noventa del siglo pasado, la industria y consumo farmac\u00e9utico de inductores del sue\u00f1o se dispar\u00f3, en estrecha correlaci\u00f3n con la l\u00f3gica neoliberal de la \u00e9poca y sus expectativas culturales asociadas. Desde entonces hasta hoy, este lucrativo negocio no ha hecho m\u00e1s que multiplicarse, gracias a la identificaci\u00f3n exponencial de estados f\u00edsicos y psicol\u00f3gicos (estados emocionales fluctuantes como la timidez, la ansiedad, el deseo sexual variable, la distracci\u00f3n o la tristeza, por citar algunos), el consecuente desarrollo de pseudo-necesidades individuales y sus tratamientos qu\u00edmicos. Una ecuaci\u00f3n en la que el refuerzo de herramientas colectivas y estructuras sociales para paliar y gestionar estos estados afectivos queda totalmente de lado, reforzando la ideolog\u00eda moderna que confina las emociones en el \u00e1mbito de lo privado y lo psicol\u00f3gico. Como han demostrado recientemente pensadores como Mark Fisher y Sara Ahmed por nombrar un par, los afectos y estados an\u00edmicos son constructos subjetivos y sociales inseparables de la interdependencia e intercambio con el mundo. Funcionan como econom\u00edas, circulando entre los cuerpos y adquiriendo valor a su paso, alimentados por causas sociales y pol\u00edticas (las expectativas de clase o la condici\u00f3n migrante, por ejemplo). Por ello, las consecuencias de esta negaci\u00f3n sistem\u00e1tica de la naturaleza p\u00fablica de emociones y afectos no hace m\u00e1s que recrudecer formas de malestar generalizado, cuya gesti\u00f3n tiene que pasar tambi\u00e9n por lo colectivo m\u00e1s que \u00fanicamente por lo individual medicalizado.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Dormir es un acto social: la sociedad no puede existir sin descanso, ni este sin expectativas sociales. El sue\u00f1o es una de las relaciones que anudan a los individuos a las diversas instituciones en las que nos inscribimos (familia, sociedad, trabajo, etc.), y cuando una alteraci\u00f3n del sue\u00f1o rompe alguno de este v\u00ednculo, la medicina interviene para reordenar el tejido. El caso del sue\u00f1o es paradigm\u00e1tico: los individuos buscan dormir las ocho horas que se recomiendan, las cuales estructuran los usos institucionales del tiempo, y componen la base para los tratamientos farmac\u00e9uticos. Como apunta Wolf-Meyer, cada factor \u201crefuerza el otro, produciendo as\u00ed una fuerte l\u00f3gica del sue\u00f1o, ritmos espacio-temporales, y normalidad\u201d<sup><a href=\"#footnotes\" data-type=\"internal\" data-id=\"#footnotes\">17<\/a><\/sup> que consolidan un modelo normativo \u201cuniversal\u201d<sup><a href=\"#footnotes\" data-type=\"internal\" data-id=\"#footnotes\">18<\/a><\/sup> de lo que es dormir bien. Lo que se sit\u00faa fuera de esa definici\u00f3n, es descalificado y medicado.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00eda parecer que el capitalismo 24\/7 produjera \u00fanicamente formas incesantes de estar despierto. Pero en su lugar, lo que est\u00e1 produciendo son formas de intensificaci\u00f3n de los ciclos despierto\/dormido: tenemos que estar atentos cuando estamos despiertos, y profundamente dormidos cuando descansamos. No es el insomne quien provee el modelo para estas formas incesantes de vida, sino el narcol\u00e9ptico, que requiere medicaci\u00f3n tanto para mantenerse despierto durante el d\u00eda como para dormir pl\u00e1cidamente durante la noche.<sup><a href=\"#footnotes\" data-type=\"internal\" data-id=\"#footnotes\">19<\/a><\/sup> Un modelo que se corresponde claramente con los datos del elevado consumo de benzodiazepinas (Rohypnol, Dormodor, Noctamid, Orfidal) inductoras del sue\u00f1o y de f\u00e1rmacos que no necesitan recetas (Dormidina) combinado con el de bebidas cafeinadas y estimulantes legales e ilegales.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>*<\/p>\n\n\n\n<p>El horizonte que dibuja el an\u00e1lisis de las pol\u00edticas del descanso es una imagen, cuanto menos, angustiosa. Por una parte, la celebraci\u00f3n y representaci\u00f3n enfermizas del cansancio por la l\u00f3gica contempor\u00e1nea del trabajo est\u00e1n agravando un r\u00e9gimen necro-pol\u00edtico, que se ensa\u00f1a con las comunidades m\u00e1s subalternizadas y despose\u00eddas. Por otra parte, la medicalizaci\u00f3n capitalista de la vida ha permitido nuevas formas de intervenci\u00f3n de los cuerpos, reforzando formas de control y beneficio cada vez m\u00e1s sofisiticadas. A su vez, la colonizaci\u00f3n del afecto, la memoria y el tiempo que estos paradigmas imponen agravan la confiscaci\u00f3n del tiempo colectivo y la imposibilidad de articular alternativas sostenibles. Pero lejos de solo minar el \u00e1nimo, esta situaci\u00f3n nos urge a reclamar el derecho al descanso. El derecho al sue\u00f1o reparador de las estructuras comunes, del cuidado y defensa colectivos, de la inclinaci\u00f3n a la cooperaci\u00f3n y mutualidad. Un descanso mundano y <em>mundanizador<\/em>, que restaure la creaci\u00f3n de mundos en com\u00fan. Una defensa del dormir no institucionalizado sino hedonista, que no est\u00e9 desligada de reclamo del ocio, del goce, de la pereza y el bienestar. Y una representaci\u00f3n del trabajo y del descanso que no sea culpabilizadora, dogm\u00e1tica o normativa, sino cercana, cuidadosa y transformadora de los imaginarios compartidos. Que este texto sea un manifiesto de esta causa, porque nos va la vida en ello.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<ol id=\"footnotes\"><li>Koslofsky, Craig: Evening\u2019s Empire. A History of the Night in Early Modern Europe. Cambridge: Cambridge University Press, 2011, p. 6<\/li><li>Verdon, Jean. <em>La nuit au Moyen \u00c2ge<\/em>. \u00c9ditions Perrin, 2009, p. 10<\/li><li>Koslofsky, Craig: <em>Evening\u2019s Empire. A History of the Night in Early Modern Europe<\/em>. Cambridge: Cambridge University Press, 2011, p. 7<\/li><li>Melbin, Murray.\u00a0<em>Night as Frontier: Colonizing the World After Dark.<\/em>\u00a0The Free Press, 1987<\/li><li>Crary, Jonathan. <em>24\/7: Late Capitalism and the Ends of Sleep. <\/em>London \/ New York: Verso, 2014<\/li><li>En su art\u00edculo \u201cForced to Love the Grind\u201d, Miya Tokumitsu describe el auge del trabajador incesante, aupado como figura mod\u00e9lica, as\u00ed como sus peligros y consecuencias: las muertes causadas por extenuaci\u00f3n, como la de un becario de 21 a\u00f1os en la oficina londinense de Bank of America Merrill Lynch tras tres d\u00edas consecutivos de trabajo, o la de un conductor de cami\u00f3n que al chocar tras 24h sin dormir atropell\u00f3 a varias personas. En\u00a0Jacobin\u00a013, Agosto 2015,\u00a0<a href=\"https:\/\/www.jacobinmag.com\/2015\/08\/do-what-you-love-miya-tokumitsu-work-creative-passion\">https:\/\/www.jacobinmag.com\/2015\/08\/do-what-you-love-miya-tokumitsu-work-creative-passion<\/a><a href=\"#easy-footnote-2-5\"><\/a><\/li><li>En 1969, Philip K. Dick anticipa la evoluci\u00f3n del trabajador-robot medicalizado, automatizado e interconectado en el cuento \u201cLa hormiga el\u00e9ctrica\u201d. No es de extra\u00f1ar: Dick vivi\u00f3 toda su vida en California, donde la ciencia ficci\u00f3n fue un elemento clave en el medio que vio nacer la llamada Ideolog\u00eda Californiana, crucial en la emergencia de las industrias IT de Silicon Valley. Dick, Philip K. &#8220;The Electric Ant&#8221;, en Fantasy &amp; Science Fiction, October 1969, pp 100-115<a href=\"#easy-footnote-3-5\"><\/a><\/li><li>Extra\u00eddo del Diary and Sundry Observations of Thomas Alva Edison (editado por Dagobert R. Runes, Greenwood Publishing House, 2007); en Popova, Maria: \u201c<em>Thomas Edison, Power Napper: The Great Inventor on Sleep and Success<\/em>\u201d, publicado en <a href=\"https:\/\/www.brainpickings.org\/2013\/02\/11\/thomas-edison-on-sleep-and-success\/.\">https:\/\/www.brainpickings.org\/2013\/02\/11\/thomas-edison-on-sleep-and-success\/.<\/a> La traducci\u00f3n es propia.<a href=\"#easy-footnote-4-5\"><\/a><\/li><li>Khazan, Olga. \u201c<em>Thomas Edison and the Cult of Sleep Deprivation<\/em>\u201d, publicado el 14\/05\/14 en <a href=\"https:\/\/www.theatlantic.com\/health\/archive\/2014\/05\/thomas-edison-and-the-cult-of-sleep-deprivation\/370824\/\">https:\/\/www.theatlantic.com\/health\/archive\/2014\/05\/thomas-edison-and-the-cult-of-sleep-deprivation\/370824\/<\/a><a href=\"#easy-footnote-5-5\"><\/a><\/li><li>Derickson, Alan.\u00a0<em>Dangerously Sleep: Overworked Americans and the Cult of Manly Wakefulness<\/em>. Philadelphia: University of Pennsylvania Press, 2013.<a href=\"#easy-footnote-6-5\"><\/a><\/li><li>Crary, Jonathan.\u00a0<em>24\/7: Late Capitalism and the Ends of Sleep.\u00a0<\/em>London \/ New York: Verso, 2014, p. 125<a href=\"#easy-footnote-7-5\"><\/a><\/li><li>Crary, Jonathan.\u00a0<em>Op. Cit.<\/em>\u00a0pp. 125-127. La traducci\u00f3n y el subrayado son m\u00edos.<a href=\"#easy-footnote-8-5\"><\/a><\/li><li>Resnick, Brian. \u201c<em>The Racial Inequality of Sleep<\/em>\u201d publicado el 27\/10\/15 en The Atlantic: <a href=\"https:\/\/www.theatlantic.com\/health\/archive\/2015\/10\/the-sleep-gap-and-racial-inequality\/412405\/\">https:\/\/www.theatlantic.com\/health\/archive\/2015\/10\/the-sleep-gap-and-racial-inequality\/412405\/<\/a><a href=\"#easy-footnote-9-5\"><\/a><\/li><li>La falta de sue\u00f1o sostenida es causa de diabetes, obesidad, e insuficiencia cardiaca, entre otras.\u00a0<a href=\"#easy-footnote-10-5\"><\/a><\/li><li>Pensemos en el uso de la privaci\u00f3n del sue\u00f1o como tortura, como se llevaba a cabo en Guant\u00e1namo.<a href=\"#easy-footnote-11-5\"><\/a><\/li><li>Wolf-Meyer, Matthew J. .\u00a0<em>The Slumbering Masses. Sleep, Medicine and Modern American Life<\/em>. Minneapolis: University of Minnesota Press, 2012, p. 7<a href=\"#easy-footnote-12-5\"><\/a><\/li><li>Wolf-Meyer, Matthew J. .\u00a0<em>The Slumbering Masses. Sleep, Medicine and Modern American Life<\/em>. Minneapolis: University of Minnesota Press, 2012, p. 8<a href=\"#easy-footnote-13-5\"><\/a><\/li><li>En este sentido Wolf-Meyer analiza la desaparici\u00f3n de la siesta en Espa\u00f1a ante la presi\u00f3n de modelos de gesti\u00f3n de la producci\u00f3n y el trabajo como el franc\u00e9s, ingl\u00e9s o alem\u00e1n, y la forma en la que \u201cEstados Unidos y Europa sincopan los ritmos de otras sociedades para producir intensidades temporales globales y descansos, coordinaciones meton\u00edmicas de trabajadores y trabajo\u201d. <em>Ib\u00edd.<\/em>, p.182<\/li><li><em>Ib\u00edd<\/em>., p. 17<a href=\"#easy-footnote-15-5\"><\/a><\/li><\/ol>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Julia Morandeira Arrizabalaga, diciembre 2018. La historia del sue\u00f1o y el descanso no es un relato homog\u00e9neo, como tampoco han sido sus modos y discursos. No siempre se ha dormido igual ni lo mismo, ni mucho menos de manera consistente; las ocho horas seguidas de sue\u00f1o es una proclama relativamente reciente. El sue\u00f1o, como la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[1],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/werkermagazine.org\/texts\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5"}],"collection":[{"href":"https:\/\/werkermagazine.org\/texts\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/werkermagazine.org\/texts\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/werkermagazine.org\/texts\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/werkermagazine.org\/texts\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=5"}],"version-history":[{"count":36,"href":"https:\/\/werkermagazine.org\/texts\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":177,"href":"https:\/\/werkermagazine.org\/texts\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/5\/revisions\/177"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/werkermagazine.org\/texts\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=5"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/werkermagazine.org\/texts\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=5"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/werkermagazine.org\/texts\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=5"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}